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No me puedo olvidar

Para presentarme, vivo en Santiago de Chile y ahora tengo 20 años.

Hace ya cinco años, llegué a un colegio internacional tras haber pasado por un atado de problemas, tras haber sido absolutamente taimado por el ámbito del colegio del que venía, endogámico, microculturista, rígido, autoritario y ¡sin mujeres! Mi lujuria no aguantaba seguir siendo retenida.

Pero mi seguridad en mí mismo, mis energías y mi resiliencia pasaron, en el intertanto, por un hoyo profundo. No solamente mis compañeros, sino también mi familia, las condicionaron muy negativamente. A pesar de eso, vi la importancia de seguir adelante.

En mi nuevo colegio, aparte de su gran calidad y de lo cosmopolitas que eran los alumnos, me resultaba muy sorprendentes una serie de cosas. El modelo de clases estaba profundamente basado en la potenciación de los talentos y capacidad crítica individuales, no había uniforme, el que mencionara la religión era tratado como un payaso y despreciado, los alumnos e incluso algunos profesores eran sexualmente muy libertinos y abiertos y los papás de muchos de mis compañeros eran como adolescentes. Me fui tratando de hacer amigos, pero sucedió algo espantoso: conocí a las dos mujeres más hermosas del mundo entero, IB y VG.

Había descubierto hacía un tiempo que lejos la mejor manera de atraer a las mujeres es mirándolas directamente a los ojos, un descubrimiento que había hecho con una amiga de mi hermana, OG, cuando estuvo de vacaciones con nosotros.

Así, al ver a estas diosas en la clase de historia, les apliqué extensiva y obstinadamente este procedimiento. Las notaba inicialmente reservadas, acaso porque filtraban qué clase de hombres tenían acceso a ellas. Pero luego, la I., que no era a la que más miraba, quedó perdidamente enamorada de mí.

No me había dado a esta empresa sin reservas. Al contrario, mi educación católica a ultranza me había enseñado a desconfiar de mi concupiscencia, y yo tuve que hacer un arduo trabajo leguleyo interno poniendo mi conciencia a empeño para justificar esta pasión, completamente avalada por el liberal subversivo que había en mí. Tenía, también, el siguiente remordimiento: hay que valorar a las personas por quiénes son, no por cómo se vean. Acabé cediendo a esta dedicación lujuriosa con el argumento de que solo estaba pasándolo bien por ahora, no se trataba de elegir con quién me iba a casar, ¡entonces me pondría las pilas!

¡Cómo si esto alguna vez hubiese sido pasarlo bien! Ha sido algo absolutamente atribulante, y ellas no entienden por qué. Cuando la I. determinó esforzarse por ganarme, se le veía paseando con muchos otros hombres. Eso no me gustaba. Seguía en mí el recuerdo de cuando la AO, la mujer de la que antes estaba enamorado, dejó de prestarme atención, y por eso esto me ponía triste. La I. había pasado a ocupar su lugar, me puse a buscar su casa y, cuando ya prácticamente me había rendido, la encontré. Se inició un ciclo de fútil espionaje que aún no ha terminado.

Íbamos a salir de vacaciones. Yo me asomé por una rendija de su casa y noté que VG estaba ahí y me vio. En aquel momento, topé con mis miedos.

No lo sabía explicar bien, pero el mundo de mis aún candentes fantasías estaba al otro lado de ese umbral, y yo me sentía completamente aterrorizado de cruzarlo. Habrá sido la mala imagen de mí mismo, habrá sido que no creía merecerlo, que no creía poder calzar con personas como ellas. Habrá sido lo prohibido de esta aventura. Pero el miedo se apoderó de mí el resto del verano, temía volver a verlas. Aún más cuando vi que, al volver a clases, ellas ya tenían novio y me evitaban sistemáticamente.

Sucedió, entonces, el quiebre. Les mandé un email pidiéndoles disculpas, y ellas no entendieron por qué se los mandaba. Trataron de conversar conmigo en el colegio, sin que yo pudiera. Pero luego entendí una cosa: si me evitaban y tenían otros novios, no era porque creyeran que les había hecho algo, ni era porque no me quisieran: en el caso de la I. era porque me hacía esto a propósito para lograr algo de mí. En vista de eso, reaccioné mal, y me cerré a ellas porque creía que nadie tenía derecho a hacerme eso.

Sin embargo, la I. se tomó eso muy mal, quedando en evidencia que ella quería que yo le prestara atención. Nos pusimos tristes, ella siguió con su novio, yo seguía evitándola en respuesta, nuestras vidas se vieron tanto más desmotivadas porque nos echábamos en falta. Me frustraba verla todos los días y no saber avanzar.

Esto tuvo, memorablemente, otra ruptura: le mandé un email a un profesor al que era muy cercano para que, en un trabajo de exhibición cinematográfica en grupo que estábamos haciendo, me pusiera trabajando con ella. Un año y medio después de que hubiera empezado todo esto, me movió sobre todo mi frustración por no poder avanzar, buscando una solución forzada que terminó dando aún peores resultados: el colegio me prescribió tratamiento psicológico mientras que se planteaba seriamente mi expulsión, mi actitud hacia las mujeres dejó de ser tolerada, y a ella se le advirtió en peor tono en contra de tener que ver conmigo. Hay gente que no entiende a los que son sensibles, y hay mucho winnerismo. Por mucho que ella me quisiera, si que yo estuviera con ella no ayudaba a su prestigio, iba a creer que no debía, que no se iba a poder, y yo también me sentía así.

Para rematar el drama, íbamos a partir después de graduarnos a diferentes universidades del mundo entero. Ella había hecho planes para irse a Madrid, y su novio también se iría con ella. Le di a entender que tenía que elegir entre él y yo, porque si se iba con él lo estaba eligiendo a él ya a largo plazo. Finalmente, un profesor del colegio al que ella consultó determinó que la carta de postulación que él había escrito revelaba su tremenda inmadurez, porque sólo hablaba de su papá. Acaso porque buscaba una excusa, decidió terminar con él después de eso.

Ya hace dos años que no nos hemos visto. Aunque quisiera poder estar con ella, su actitud de lucirse histriónicamente con otros me taima, y nunca he podido tener la ocasión de simplemente conversar con ella.

En este último tiempo, hay mucho menos de niño en mí. Me puse a trabajar, me instruí en relaciones con las mujeres, me he iniciado en el muy distinto ámbito de la universidad. Se ha formado en mí, aunque con gran dificultad, la idea de que hay que tomar acción para solucionar lo que a uno no le gusta independientemente de la reacción de los demás, estando feliz de avanzar más que triste de no haber logrado aún lo que sería lo ideal. Así, le mandé una carta y, cuando estaba de vuelta en Chile, la traté de invitar. A ambas cosas me respondió amablemente, pero diciéndome que no. Se volvió a ir.

Dicen que los enamoramientos duran cuatro años, pero no me puedo olvidar de ella, estoy completamente desmotivado. Es imposible intentar pasar esto por alto, y ella también me quiere. No quiero asumir que con eso no baste...

¿Me ayudan?

Fecha 05/05/2019 Vistas 183 Acepta opiniones Esta confesión acepta opiniones.

Anónimo

Punto 1 jamás acoses a mujeres a escondidas
2 jamás les ruegues en cartas
3 Si tiene pareja no te intereses en esa persona

Lo que debes hacer es primero averiguar si al momento la muchacha aun tiene novio, y si tiene olvidala no te va a hacer caso aunque quiera, y si ya trono con su novio definitivamente no debes ir de una a decirle que quieres salir con ella, escribele a su teléfono y dile que te disculpas por haberla invitado a salir, y que te gustaría ser su amigo, y que te aconsejé que una chica te ha mandado indirectas de que quiere ser tu novia, pero que no te ánimas porque no la conoces y no tienes sentimientos hacia ella, que te diga que debes hacer, le escribes de vez en cuando un mensajito pero no siempre una vez a la semana o menos pero sólo en plan de amistad, cuando ya te ganes su confianza un día la invitas a comer un helado , otro día un almuerzo, otro día la invitas al cine, en plan de amigos, después de que le has demostrado que tus intensiones son buenas, le dejas de escribir en el cel un mes y si te escribe sólo ignoras, consigue amigos y amigas sale con ellos a bailes, y tomate fotos y las públicas, un mes después le escribes al cel le pides disculpas por no haberle escrito ni respondido pero es que últimamente has estado ocupado y también te han invitado a bailes, para recompensar la invitas a jugar play en tú casita (consiga un plsy prestado si no tiene?, y justo ahí la besas y luego le pides que sea tu novia, veras que te acepta y si no funciona, tranquis que para cada hombre hay 7 mujeres sólo es cuestipn de buscar, cuando tienes una nueva pareja te olvidarás de ella solo es un capricho

Comentario 201700 | 07:12 08/05/2019

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