Estás viendo la Confesión 53268, ubicada en Infiel. ¿Quieres ver más Confesiones de Infiel?

Entre la incertidumbre y el placer

Nunca consideré vivir ni compartir un acontecimiento como el acaecido en mi vida hace un año. Siempre quedó en el ámbito de lo privado. Pero hoy que se cumple un año lo recuerdo como algo lejano, como algo que no sucedió. O más bien eso pretendo, como algo que no sucedió o que me hubiera gustado que no hubiera sucedido. Ya no lo sé. Pero sucedió. Por ello, la palabra exacta es “Confesión”, por qué nadie lo sabe. Las imágenes y las sensaciones que viví en esos 3600 segundos de mi vida aparecen y se evaporan. Están y no están. Me esclavizan y me liberan. Ese es el dilema en que me encuentro.
Tengo 55 años, 30 años de casada, con un marido al que amo y con el que he sido feliz; él tiene 62 años; tengo dos hijos que ya hicieron su vida. Llevo una vida de privilegio, en el sentido de que no soy rica pero no tengo problemas económicos. Administró tres sucursales de una franquicia que imparte Pilates, mi esposo está al pendiente, aunque en realidad son otros negocios los que ocupan más su tiempo. Además de administrarlas personalmente, imparto también clases de Pilates desde hace más de diez años, pues tomé cursos para ser instructora profesional y me sigo actualizando al respecto. Por supuesto que también tomo clases, intensamente, lo que aunado a mi genética, contribuye a que no represente la edad que tengo, sino menos, bueno, es lo que me dicen. Soy blanca, alta, delgada, mido más de uno setenta de estatura. Siete años fui profesora en la universidad.
Confieso que soy una mujer conservadora, así fui educada, antes de mi marido no conocí a ningún hombre y ya de casada nunca me interesó estar con otro hombre que no fuera él. Por mis anteriores trabajos y el actual, he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente y estar rodeada de hombres, y como llega a suceder, han intentado acercarse y en algunos casos seducirme, pero yo sé perfectamente esa historia y nunca lo he permitido ni me lo he permitido. Pues para mí, no tiene ningún sentido ni conduce a ningún lado. Ni aventuras ni nada. En ese sentido soy muy racional. Así fue hasta hace un año.
Y aquí viene mi confesión, de la que dudé en escribirla así como el lenguaje que utilicé en el momento climático de esta historia. Me siento deshonesta y culpable, pues en cierta medida mi voluntad intervino para que se presentara lo que contaré. Sin embargo, elegí en libertad y ahora no sé si me siento culpable o liberada al escribir esta confesión.
La siguiente es la historia y espero no abusar con más palabras de las necesarias, pero creo que están justificadas para que me entiendan los que me lean. Si tienen comentarios, apelo a su respeto y a su comprensión, a su juicio recto y a no especular sobre lo que no se conoce. Lo más fácil es emitir juicios sin saber cómo las circunstancias intervienen para caigamos en contradicciones.
Hace un par de años llegó como instructor a una de las sucursales un joven de 38 años, con un buen curriculum y muy capacitado como instructor de Pilates, con una atención muy profesional para los alumnos y alumnas de este tipo de actividad física. Yo lo contraté, pues es mi responsabilidad, y no me equivoqué, pues además de su experiencia, hizo que aumentara el número de alumnos, y el negocio mejorara todavía más. El criterio para seleccionarlo fue estrictamente profesional, como es con los demás: sean hombres o mujeres. El plus que tenía es que había se había capacitado en EU.
Mi relación con los y las instructores es y ha sido de trabajo, profesional, sin extralimitarse absolutamente en nada, pues a final de cuentas es un negocio y es fundamental la atención y el servicio que se les ofrece a los que asisten a las clases. Sin embargo, con este joven la relación fue diferente pues la iniciamos por compartir la preocupación por actualizarnos y mejorar en el conocimiento de cada ejercicio y comprobar los resultados de nuestros clientes. Así que llegamos a compartir clínicas o diplomados de actualización de Pilates, o de nutrición. Discreto, serio y profesional. Ese era su comportamiento en general. Conmigo, respetuoso y cordial. Al igual que con mi marido, que en ocasiones llegábamos a coincidir los tres, pero todo en el orden profesional, como en algunos de estos cursos o seminarios o en la supervisión del negocio.
Con el tiempo la confianza se instaló en nuestra relación y en una ocasión me extendió una invitación a cenar. Yo le pregunté si era para conversar aspectos del trabajo o qué, y no, él me dijo que era personal, que sentía empatía conmigo, no solo como su jefa sino como mujer, que me quería conocer en otro ámbito, no en el laboral, sino en otro más relajado, como en un restaurante. Yo me negué y le dije que nuestra relación era de trabajo y nada más. Que me parecía una persona agradable y punto. Mi negativa fue contundente. Lo aceptó y me dijo que le apenaba haber provocado una situación de incomodidad y se disculpó.
La relación continuó sin contratiempos, cuando coincidíamos me saludaba cordialmente y yo a él, como personas maduras, como si nada hubiera pasado. En ocasiones él me daba alguna clase y nunca dejó de ser respetuoso conmigo. Admito que me gustaba que me diera clase pues me hacía trabajar muy bien las diferentes partes de mi cuerpo. Por obvias razones llegaba a tocar partes de mi cuerpo pero sin malas intenciones. Reconozco haber sentido como miraba, eso sí, discretamente, mi trasero u otra parte de mi cuerpo, los cuales resaltaban por el tipo de leggins que llevaba, ajustados y de colores. De igual manera yo observaba sus clases, como buen profesional que era y punto. Algunas chicas y señoras les gustaba tomar clase con él, pues además de que era muy bueno como instructor, influía su presencia pues tenía un cuerpo bien formado, espaldas anchas, hombros redondos, brazos fuertes, cintura reducida, piernas bien proporcionadas, delgado, no voluminoso. Me daba cuenta como lo miraban, ellas en particular, con dejo de coquetería. Yo en realidad no me había detenido a verlo en detalle, pues ni lo veía seguido y cuando así era, me limitaba a la supervisión del negocio.
Sin embargo, a raíz de los comentarios, empecé a poner atención en su cuerpo y cuando tenía oportunidad lo miraba pero discretamente, de manera que no lo percibiera y sí, en efecto, en una ocasión que fui a visitar la sucursal donde trabajaba, cercana a mi domicilio, confirmé lo que se decía, y debo aceptarlo, tenía un cuerpazo pues en aquella ocasión traía unos pants pegados de color azul rey y una playera de color blanca ajustada. Las diez camas del Pilates, no sé si por esa situación, estaban llenas de mujeres y había otras tantas esperando la siguiente sesión. Yo terminé por mirarlo también, aunque más detenidamente y pensé cómo no había puesto tanta atención en su figura corporal.
Empecé a visitar más esta sucursal para coincidir con él, además de quedaba cerca de mi casa, sin saber el porqué, o más bien, sabía por qué, aspecto que ya no me gustaba y que me lo reprochaba constantemente. Sin embargo, me agradaba verlo y bueno, decía entre mí, “no peco por echarme un taco de ojo”. Supongo que se dio cuenta que iba más seguido y por qué, pues ya no dejó de usar esa vestimenta (pants y playeras ajustados) y en verdad yo no podía hacerme de la vista gorda con ese cuerpo que se cargaba ese joven, bueno, ya no tan joven, no era fácil que pasara inadvertido. Yo hice algo similar: cuando me programaba para ir a esa sucursal, llevaba faldas cortas o leggs de colores llamativos. Pero hubo algo en él que hizo que no me prestara ya tanta atención, tal vez fue una estrategia inducida por él ante la negativa a salir a cenar. Me moleste conmigo misma: cómo era posible que me estuviera pasando esto, una señora de 55 años, aparentemente racional y ya con una vida hecha, lidiando con esa situación. (Continuará)

Fecha 10/06/2019 Vistas 537 Acepta opiniones Esta confesión acepta opiniones.

Anónimo

Deberías de dar el siguiente paso se nota lo que quieres

Comentario 203743 | 19:47 12/06/2019

¡Puntúa el comentario 203743! 1.0/8 (1 voto)

Anónimo

Continúe la historia, señora, está super buena

Comentario 203752 | 21:25 12/06/2019

¡Puntúa el comentario 203752! 1.0/8 (1 voto)

Anónimo

Continuará.... QUE RIDICULA!!!! No entiendo para que tanta perdida de tiempo escribiendo una confesion tan larga, cuando puedes resumirla a: le abri las piernas a mi empleado y me gustó. NEXT!

Comentario 203756 | 21:43 12/06/2019

¡Puntúa el comentario 203756! 4.5/8 (2 votos)

Anónimo

Ridícula no, ESTÚPIDA!!!, que se contesta a si misma, pero claro
las palabras lo aguantan todo.

Ésta vieja PERFECTONTA se autoconvence de sus propios inventos, que ni ella se creé.

Comentario 203762 | 22:23 12/06/2019

¡Puntúa el comentario 203762! 4.5/8 (2 votos)

Anónimo

imagino ya es tu amante este chico disfruta al máximo

Comentario 206361 | 00:14 30/07/2019

¡Puntúa el comentario 206361! 0.0/8 (0 votos)





Confesiones relacionadas


0.178756952286